Rumbo 110. Brisa ligera, mar plana, temperatura moderada. Entre maniobra y maniobra va pasando el rato. Apuntamos posiciones, tomamos nota de cambios de rumbo, observamos... De repente, una mancha en el horizonte! El radar ya nos había avisado. Su tamaño aumenta con cada instante, lo más probable es que haya que actuar. Chequeamos. Efectivamente, se trata de un buque en vuelta encontrada. Su nombre, peculiar donde los haya, provoca no poder evitar preguntarse quien sería el armador, cuanto amaría aquel año. El "Superchampion 2004" navega rumbo a los Estados Unidos cargado hasta el límite. Seguimos su rastro, analizamos su ruta. Parece no tener intención de maniobrar.
Recibimos una llamada, por lo visto él también se preocupó. Sin embargo, su calado le restringe, la profunidad es suficiente, pero nosotros más pequeños.
Caemos unos grados a estribor. Nuevo rumbo confirmado. Vemos pasar al monstruo por babor. Quien iría a bordo? Cuanto tiempo llevarían allí metidos?
Pero atención! Otro barco por detrás, éste alcanzándonos poco a poco por la popa. Casi como algo planificado ve enseguida la situación, y como secuencia cronometrada, deja libre nuestra banda.
Lo que en minutos pudo convertirse en un drama, es ahora una simple narración, experiencia para sumar a las miles de anécdotas que recordaremos.
El mar es inmenso, pero rutas hay las que hay. No quedan destinos por descubrir ni navegaciones sin algún acontecimiento. La gracia, tanto en el barco como en la vida, está en encontrar el equilibrio entre el camino y los obstáculos, disfrutar de cada situación aprendendiendo de cada decisión o movimiento.


