El calor apuntando desde primera hora, haciendo arder el hierro sin reparo. Con el buzo pegado al cuerpo, entre medio la ropa para escapar, nos alejamos por un rato de la rutina.
Allí estamos, en la caseta donde dejaremos los restos de barco para ser por unas horas forasteros.
La música suena. A ritmo de reggae, seguimos caminando. Lugareños curiosos nos miran, comentan, murmuran. Trinidad a nuestros pies, calles mal asfaltadas, casas por hacer, pero a nadie parece importarle.
Primera parada, un bar que pinta bien. Cerveza fría, una mesa, varias sillas y nosotros, sentados, investigando lo que pasa a nuestro alrededor.
Prostitución al alcance, drogas posiblemente también, forma parte de Trinidad, pero esconde mucho más. La gente encantadora, el sitio peculiar.
Poco a poco notamos como vamos integrándonos entre sonidos y multitud. Aquí los días pasan distinto, los lunes pueden ser viernes, las mañanas noches...
Al ritmo del rei, nos balanceamos, charlamos, nos mezclamos, aprendemos... Saben quienes somos, donde vamos... Nos protegen, nos enredan... Hoy estamos en Trinidad, paraíso de muchos que soñaron algo mejor, explotación de pocos que atrás dejaron cualquier remordimiento sobre sus actos.
El calor siempre apretando, pero la sensación es brutal. Somos espejismos transformados de aquellos que hace tiempo llegaron para conquistar, rostros pálidos embriagados por lo ajeno, exótico a nuestro parecer.
Así es es Point Fortin, bares en cada esquina, cerveza fría, calor, mucho calor... Y de fondo siempre reggae.
Toca regresar, nada es eterno, la guardia nos espera. Otra visita para recordar.
---
Desde entonces, cuando entre carta y carta suena tu banda, sin saber si volveré, empiezo de nuevo aquella danza despreocupada, tu cultura, tus olores, tu sabor.
Hasta pronto Point Fortin.
Uau!! Lo q daría yo por esa cerveza en Trinidad. :)
ResponderEliminarG.